18 abr. Good night human pride

  • tendencia

Miraz (sí, con zeta, como Madriz y saluz), de verdad que soy horrible. Tengo un jodido mes para escribir algo con ‘tendencia’, mandarlo el día de antes y estoy tecleando esto a las 23:31 (Cero tiempo para revisarlo, perdonaZme por ello, porque lo vais a notar). Me gusta vivir al límite, pero no tanto como esperar a felicitar a la gente a las 23:59.  Y claro, tengo tantas mierdas fuera y dentro de mí que ¿de qué cojones voy a escribir yo ahora? ¡Y en castellano!
Claro, hay gente que tiene tendencia a sacarse mocos y pegarlos debajo de la silla de la cocina, otros tienden a justificar con argumentos primitivistas que son demasiado vagos para peinarse, y algunos que yo me sé a masturbarse en lugares públicos y dejar la corrida en bancos, toboganes, barandillas. Yo (shhh, no. No. eso no, esto sí) tiendo a escribir metiendo el dedo en mis llagas. No obstante, hay tendencias mucho peores. Como la del ser humano.
Esta mañana he estado con una colega que necesita trabajo y está más que dispuesta a ello, es una persona autosuficiente, responsable y honesta. Había acordado con una mujer cuidar de su hija por 30 euros diez horas por día – y solo pensaba pedir solo quince al principio. Me alegraba mucho por ella sabiendo lo bien que la va a venir un poco de dinero, quizás hasta se pueda permitir su medicación.
A cualquiera le agrada dormir en tensión porque la guardia civil puede llamar a tu puerta en cualquier momento para un desalojo, y vivir con cinco euros diarios, y comer arroz y atún todos los días. Todos los problemas a que se enfrenta cada día darían para un buen tomo, pero en Villalba no existen los pobres (dice la alcaldesa) cuando el informe de su equipo constata que 1 de cada 4 villalbinos está en exclusión social.
A dos calles de casa, me encontré una tele de tubo al lado de la basura, y como no me la iba a llevar al momento, la metí en una caja de vino barato y la tapé con mierda varia. Ahí hay mucho cobre. Doy dos pasos y veo una hoja con varias líneas escritas en el suelo. La cojo (como para no):
Gracias por existir, gracias. Gracias por dejarme soñar contigo, por hacerme vivir de ti, por verte tú cara tan linda todos los días. Gracias por hablar, sonreír, respirar, escuchar. Gracias por existir Antonia.
La caligrafía me resultó muy simplona, por lo que tendí a pensar que la adolescente Antonia ya soporta mucho bullying por su nombre como para andar con gilipolleces, amante de Antonia. Antonia quiere que le comas el coño, y después si eso escribes la experiencia y se lo mandas. Pero no te olvides de lo primero, coño.
Cada uno a lo suyo, sálvese quien pueda, a mi amiga no la llamaron (horas y horas estuvo esperando hoy) y se entera por un tercero que es porque se relaciona con sintecho. Si se llega a enterar que ella lo es… Total, de nada sirve escalar por una cuerda circular.
Al volver a casa, recogí la tele y de paso miré un poquito en la basura. Sí, troncos, ni sabes lo que te encuentras. En el proceso, pasó un coche con un faro roto, que silenció por unos segundos el llanto de la niña en la casa de al lado, todo esto con mi tos y estornudo por unas podas que habían tirado. Al cerrar la tapa, veo un reflejo. La vuelvo a abrir, lo localizo y lo saco: es un espejo. No me apeteció auto-reconocerme, ahí hay solo eso: Un espejo. Un reflejo.
La carta a Antonia seguía en la acera, la tele rajada a mi lado y el espejo con mi reflejo mirándome a los ojos.
Ahora vas y lo cascas.

Pablo (18)

 

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