22 may. un lunar en el brazo

22 may. un lunar en el brazo
  • temblar

Recuerdo una vez en que estábamos Ricky y yo tumbados en mi cama, era muy tarde y él me daba la espalda. De pronto me di cuenta de que me estaba ocultando algo. Vi, aunque no podía verlo, que en realidad estaba escribiendo cartas, cientos de cartas blancas para Becca. Las estaba escribiendo y se las mandaba. Todo estaba negro, y era negro y feo. Del otro lado, del lado de las cartas, había también una serpiente. Le dije a Ricky que me mirase a los ojos. Entonces todo era como cuero negro y él era la serpiente.

A veces veo oscuridad en él, de hecho me he acordado de un episodio que pasó hace tiempo en el que estábamos en la tienda del Mago y yo me descubrí habiendo ido allí para que el Mago mirase a Ricky y me hablase de él. La tienda del Mago es como un parón en el tiempo y la sociedad, son como muchos mundos ahí metidos. Siempre que voy me dice cosas, entre ellas que tengo los ojos hundidos, y a veces me dice algo de quien vaya conmigo. Pero esa vez estaba distraído, no recuerdo si es que estaba a punto de cerrar o que estaba ordenando, pero no me mostró atención y eso me molestó. Sin embargo sí comentó en algún momento que él había logrado abrirse gracias a las drogas, y Ricky, una vez fuera, me dijo que tenía LSD y que podíamos tomárnoslo. Yo no quería, pero insistió mucho y yo quería llamar su atención, me daba igual que por aquel entonces estuviese con Becca. Recuerdo que dijo que tenía sed, y yo tenía una botella de agua en mi mochila, pero no se me pasó por la cabeza ofrecerle. Me dijo que el efecto solo duraba un par de horas, lo cual fue mentira, duró cuatro o seis o diez, y cuando al final acepté el cuadradito pensé que eso era muchísimo y le arranqué una esquina con la uña. Me dijo que me lo pusiese en la boca y luego me lo tragase, y yo pensé que estaba loco. En un momento en que doblamos una esquina aproveché para sacármelo de la boca, y cuando él se encontró con un conocido suyo, lo tiré por una alcantarilla. Empecé a verle un poco sucio, pensaba que él solo quería drogarse y que quería hacerlo con gente para que no solo a él se le estropease el cerebro.

Acabamos sentados frente al Palacio de Oriente. Recuerdo que sentía muchísimo frío, que no dejaba de temblar y que creía que todo el mundo nos miraba. En un momento se nos acercó un mendigo pidiendo, Ricky le miró, abrió la cartera y le dio todo el dinero que tenía. Luego empezamos a caminar, y cuando estábamos en la explanada de en frente del palacio, vi cómo éste se volvía de colores naranjas y violetas y se empezaba a derretir. En ese momento pasé de sentir frío a sentir muchísimo calor.

Caminábamos y yo no quería cruzarme con nadie porque tenía la seguridad de que me mirarían y sabrían que estábamos drogados. Antes de llegar a Puerta de Toledo pasamos por unos árboles y empezamos a discutir a gritos si allí había o no una tienda de campaña, al final él se acercó y al volver me dijo que había mirado dentro y que allí había gente durmiendo. Al poco, y en mitad de aquella hierba, vi una alcantarilla, pensé que era un hoyo como el de Alicia en el País de las Maravillas y sentí deseos de tirarme dentro por encontrarme tan mal.

Ya en el mirador pasamos junto a un grupo de vagabundos y pensé que qué hacía yo allí, a aquellas horas y pasando frío, que si seguía así iba a acabar como ellos. Nos sentamos en un banco y quedamos frente a un reloj inmenso que colgaba de la fachada de un edificio; recuerdo que miré la hora, que era la una, y que parpadeé y de pronto era la una y media. Del otro de la plaza llegaban unas luces que nos cegaban y, tras protegernos los ojos con la mano, descubrimos que era un grupo de chicas haciéndose fotografías. Las veía moverse y me daban asco, y entonces vimos que también estaban bebiendo y yo me puse nerviosa pensando que por su culpa vendría la policía y descubrirían que estábamos drogados.

Debió ser por ahí cuando miré a Ricky y le dije que me gustaría besarle, él me miró y me dijo que a él también le gustaría besarme, entonces vibró su teléfono y era Becca, y a Becca no podías no contestarla o contestarla mal, así que él se puso a escribir, y yo miré mi teléfono y vi que las Chirlas estaban hablando y no sé por qué las mandé callar e insulté a alguien.

La gente se movía a cámara lenta y al instante estaban ya al otro lado de la plaza. Cuando ya nos íbamos se nos acercaron unos chicos e intentaron ligar con nosotros porque se creían que Ricky era una mujer. Cuando se dieron cuenta de que no lo era se molestaron, pero yo les regalé unos donetes y se marcharon.

Cerca ya de Embajadores me detuve en mitad de una calle porque no sentía el móvil ni el monedero, me empecé a palpar nerviosa y los encontré, pero uno estaba en un bolsillo extraño y el otro no conseguía sentirlo pese a que me apretaba la piel. Yo quería callejear para que se me pasase el efecto y poder volver a casa. Volvía a tener mucho frío, temblaba y en un momento me tuve que apoyar en una esquina porque me mareaba que la gente fuese tan despacio y de pronto estuviese en otro sitio. También empecé a pensar que la gente me miraba porque me quería atacar. Yo miraba a Ricky y pensaba que lo único que él quería era drogarse acompañado.

Cuando llegamos a Embajadores nos despedimos y él se cogió un taxi. Yo, cuando logré llegar a casa, tenía mucho miedo de no conseguir meter la llave en la cerradura y que despertase a mis padres y me descubriesen drogada, así que me estuve concienciando para acertar, y sin embargo me costó muchos intentos.

Ya en mi cama solo conseguía pensar que era muy tarde y que mañana había quedado con Sheila para ir a la peluquería de su prima a cortarnos el pelo. No lograba dormirme, ni meditando. En un momento vi un libro en catalán que me habían regalado y me puse a intentar leerlo porque pensaba que si no lo entendía me aburriría y entonces llegaría el sueño, pero como no funcionaba y estaba en catalán se me ocurrió hablarle a Gerola. Gerola en su momento se llegó a obsesionar conmigo en parte por culpa de aquella noche, porque no dejaba de ayudarme y calmarme y yo le dije que la quería, y ella a larga pensaría que el amor era mutuo. Le hablé entonces a Ricky y me dijo que él tampoco conseguía dormir, pero lo suyo era peor porque al día siguiente trabajaba. Se me llegó a ocurrir despertar a mi madre y pedirle que me llevaran a hacer un lavado de estómago.

Al día siguiente fui a ver a Sheila con unas ojeras terribles y se me olvidó llevar dinero. En la peluquería tuve que hacer un esfuerzo inmenso por aparentar estar normal, y cuando al final llegué a casa dormí toda la tarde.

Sofía (22)

21 may. norma, la bella

21 may. norma, la bella
  • norma

Desde niña pienso en Norma, esa mujer tremenda y negra con vestido blanco que viene a casa los domingos.

Norma tiene los pechos y el culo inmenso y eso entonces me parecía bien, no por lo evolutiva y fértil que es la grasa (que es lo que pienso ahora), sino por la confianza que dan las mujeres abultadas.

Norma me da confianza ¿no es cierto que da confianza la norma?

Norma es además muy muy guapa, siempre me ha gustado mirarla de lejos, verla moverse con paso firme, cocinar la salsa y servirla a las dos en punto.

Escribir su nombre y pronunciarlo, porque me da la sensación de estar en un sofá con manta al decirlo, de comer moras traídas por la mañana y de un vaso de licor el sábado por la noche (para conciliar mejor el sueño)

Pero a veces me enfado con Norma. Es complicado, de muy pequeña hacía todo lo que decía, ayudaba a cocinar la salsa y llevaba las zapatillas a la sala de estar. Años después empecé a darme cuenta de que me ponía nerviosa a veces, cuando no te mira si sabe que has mentido, cuando frunce el ceño si piensa que te estás equivocando y cuando te da un azote si le dices que no y que no. Pero bueno es una señora mayor al final y es lo que tiene ¿verdad?

Ahora me doy cuenta de que Norma, tan bonita y abultada es una mujer bastante perversa. Ya soy mayor para un azote cuando digo que no y que no, pero a veces echa demasiada pimienta en mi salsa cuando me levanto tarde y me corta las frases para que me dé cuenta de que pensar mal de ella es un pecado terrible (en esos momentos hablar es llevar puesta una correa)

Foto de @arancha.riosp

Azul (21)

18 may. alas de marfil

18 may. alas de marfil
  • celoso

El bus se acaba de llevar una paloma por delante. Ha sido un golpe seco, lo he notado en el cristal en el que apoyo mi cabeza. Pienso en la mala suerte de la paloma, y en si estaba cuidando de sus pichones, o los iba a tener, o en si iba a ver a una amiga. ¿Quizás se estrelló aposta? Después de esto no puedo más que visualizar, de nuevo, lo que vi delante de mi puerta cuando salí para volver a Inglaterra para el tercer trimestre: un bebé vencejo reventado. Sus tripas rosáceas se enroscaban en las plumas grises, sus garritas estiradas y la lengua asomando tímidamente por su pico entreabierto, dejando salir el último hilito de vida. Siento lo mismo que sentí: el pájaro dentro de mí. Lo siento haciéndose hueco entre mi intestino y estómago, acurrucándose. Lo siento moviendo su piquito y haciéndome cosquillas. Lo siento poniendo peso en el fondo de mi tripa, como si estuviera saltando de alegría sabiendo que se acerca la hora de la comida.
  Me gustaría poder recoger el pájaro entre mis manos, acariciarle con la yema de los dedos, recomponerle. Pero no es posible. El pájaro está muerto. Y yo lo que tengo es ganas de vomitar, nada más.
  Pero siento algo más fuerte dentro de mí. Y bueno, para qué mentir: podría contar el por qué, poneros en antecedentes, explicar cómo ha sido. ¿Merece la pena? No. Miro a mi lado y ella ya no está, al menos no de la misma manera, no están esos labios de miel pegados a los míos. Joder.
  Pero están todas las demás: compañeras, amigas, familia. Y detrás de ellas pende un yin-yang, una A encirculada, un bolígrafo. Y entre todas las personas a las que aprecio aparece una que creo conocer muy bien. El resto le dejan paso, y aparece mesándose la barba, sonriendo y colocándose las gafas mientras no deja de mirarme. En ese momento todo el mundo abre los brazos para abrazarme, y uno de ellos me dice: ¿Y los relatos que saldrán de aquí?, mientras me guiña el ojo. Me asienten con la cabeza y se volatilizan entre los bosques mágicos de Somerset – hogar de hadas, laberintos sin fauno y duendes… eso dicen.
  Las ramas de los sauces se yerguen sobre la carretera creando un arco como elefantes con sus trompas. Las hojas verdes brillan creando una cortina que apenas deja ver los diversos arbustos y plantas llenos de vida. Juraría que están tan verdes que si los tocara me llenaría la mano de clorofila. Entre éstos aparece, mimetizado, un cervatillo comiendo. El bus le interrumpe, y el mamífero de pelo color avellana se lo queda mirando sin mostrarse molesto, como si no fuéramos sus invasores. Me doy la vuelta para comprobar qué hace, y el cervatillo se limita a de nuevo bajar su cabeza y seguir comiendo, para alejarse segundos después y perderse entre la maleza saltando como con muelles en las patas.
  Estas dos semanas pasadas he llevado tal ritmo que mi cuerpo naturalmente se levanta sin alarma cinco horas y media después de haberme ido a dormir. Sueño bastante más: sueño que exploro los lugares más fantásticamente oscuros de mundos interiores, cuevas, centros comerciales en abandono, castillos, sueño que (como siempre) al dar la primera zancada para escapar de quien me persigue me rompo los tobillos, sueño que soy una mariposa y al levantarme no sé si yo he soñado que era una mariposa o si ahora soy una mariposa soñando ser yo.
  Recuerdo que el día en el que ocurrió, 8 de Mayo, lo hablaba con Ángel:
  -Al final cada unx se mueve en función de sus intereses personales. Lo comentaba el otro dia, y me da una pena, que entre nosotras sea así. “El deseo no es el que siento, es el que construyo”  Y que conste que yo me incluyo
  -supongo que hasta esos niveles llega el capitalismo
  -ya pero victimizarnos en lo cómodo. El capitalismo, el patriarcado, es muy sencillo recurrir a eso, y asi no responsabilizarnos de lo que nos ocurre, sobre todo colectivamente
  -Bueno, es difícil establecer la línea entre el análisis para actuar y el victimismo Quiero pensar.
  -X q si colectivamente pudiésemos abordarlo, encontraríamos soluciones a lo personal. Pero no podemos. Cuenta conmigo para lo que quieras, lo único que puedo hacer desde la distancia es animarte, y si necesitas hablar te llamo.
  Cierro los ojos y me dejo resbalar unos centímetros por el asiento, subiendo la música. Suena la banda sonora de Los niños del coro. Y entre Caresse sur l’ocean y Vois sur ton chemin, creo que me resbalo tanto del asiento que lo he convertido en un tobogán y, cogiendo inercia, me catapulta al Espacio – y paso a dejar de ser Yo.
  Agito mis alas y planeo. Mi mamá me ha aconsejado que no vuele muy lejos del nido porque aún soy muy pequeño, pero está exagerando. En cuestión de minutos, la he perdido de vista y apenas oigo ya su llamada. Subo a toda velocidad y cierro mis alas en caída libre, hago piruetas pero me acabo mareando y me poso en una ramita a descansar. Justo antes de volver a despegar, una preciosa bebé pájaro, parecida a mí, se sitúa a mi lado. Me mira y la miro. Pía y pío. La rozo el ala ligeramente con la mía, y ella la suya con la mía. Despegamos al mismo tiempo – y volamos. Surcamos el cielo a centímetros de distancia la una de la otra, realizando piruetas cada vez más imposibles mientras nos animamos mutuamente, poniendo celosos al resto de pájaros. Nos parece que hemos volado una eternidad cuando ella me pide, y yo accedo, a descansar, y volvemos a la ramita en la que nos conocimos. ¡Hemos debido de estar volando mucho tiempo… más de un año seguro… casi dos!… pero qué más da el tiempo… Ella ya no es una bebé, y yo tampoco, creo. Ha desarrollado unas alas más robustas, unas garras firmes y una pose galante y erguida que le da un aire majestuoso. Como la primera vez, me roza el ala. La miro a los ojos, se me escapa una lágrima y me tomo unos segundos para rozar mi ala con la suya. Entonces asiente y sale volando sin mirar atrás. En ese momento permanezco mirando cómo se aleja en la distancia mientras aprieto con saña la ramita con mis garras. Crac. Conforme se rompe, ella se da la vuelta, permanece en punto muerto, y nuestras miradas se cruzan. Tres segundos después se vuelve a girar y continúa su curso. Cojo aire justo antes de que la ramita caiga y echo a volar en una dirección que, por lo pronto, es casi paralela a la suya. Mis alas han crecido, tengo más capacidad pulmonar y mi plumaje es más espeso. Me gusta sentir el aire en mi cara, y cuanto más rápido vuelo más lo siento. El cielo está nublado, pero han anunciado días soleados. Cuando aleteo con fuerza y me giro a ver si la…
  Next stop: Glastonbury Town Hall… abro los ojos, compruebo dónde verdaderamente estoy y me bajo del bus. La High Street es como me la pintaron: llena de tiendas espirituales con todo lo que te puedas imaginar que se pueda etiquetar como espiritual. Entro a un local aleatorio, The Lucky Man, y de frente me encuentro multitud de estatuillas de las integrantes más famosas del panteón hindú. Rápidamente busco una figura danzante, Shiva, dios de la transformación y de la destrucción. La cojo y salgo de la tienda treinta segundos después de haber entrado. Después de reunirme con mis compañeras de clase, algunas subimos al Tor, la colina por la cual Glastonbury es famoso. En lo alto sobrevive un gran símbolo fálico o, lo que es lo mismo, la torre de una iglesia del S. XIII. Justo al coronar la cima y poner en mi vista en los restos de la antigua abadía en la que supuestamente yace el Rey Arturo, el I Ching me alcanza el pensamiento. Alabado por Jung y otros tantos, es un libro chino antiquísimo utilizado principalmente para consultas y adivinación. ¿Cómo se me podía haber olvidado la respuesta que me dio cuando le pregunté sobre Sara y yo?
  Me salió Hsiao Kuo, nº 62, la preponderancia de lo pequeño, que representa un pájaro en vuelo. Dictamen: Éxito. La perseverancia es ventajosa. Se pueden hacer cosas pequeñas, no se pueden hacer cosas grandes. El pájaro que vuela trae el mensaje. No es bueno empeñarse en subir, es bueno permanecer en lo bajo. Gran fortuna.
  ¿El I Ching, errar?
  La campiña inglesa se extiende hasta dónde me alcanza la vista, y la Naturaleza respira agitando las copas de los árboles mientras ovejas, semejantes a la parte blanca de los bastoncillos para los oídos, pastan a su ritmo.
  -Pablo, ¿te apuntas a hacer el pino delante del Tor?
  -Ya ves. ¡Un fotón! Pero… ¿y el viento?
  -El viento es nuestro amigo.
  Sale una foto la cual Henry tarda treinta segundos en poner como portada de su perfil de Facebook.
  Cuando estamos ya abajo y nos quedan quince minutos para llegar al bus, Henry se da cuenta de que ha perdido su cartera. Le acompaño corriendo arriba de nuevo, me duele la espalda al subir, él se queda sin respiración. Cada zancada es como un tirón más para sacarte una espina del dedo.
  -El significado de que pierdas esto y encima aquí está bastante claro.
Al coronar la cima de nuevo, vemos perfectamente su cartera negra descansando entre la hierba que crece queriendo formar la melena del Tor. Volvemos corriendo y Henry pronuncia varios rezos en sánscrito dando las gracias.
  Ya en el bus, me palpo el bolsillo con la estatuilla de Shiva. La saco para observarla mejor y… ¡veo a un dios con la cabeza de elefante! Es Ganesha bailando, sujetando una flor de loto que representa el puro y desinteresado ascenso espiritual que tiene sus orígenes en lo más oscuro y farragoso, el barro. En su otra mano, sujeta un hacha con la que te libra de los obstáculos. Se ve su colmillo entero y su otro partido, ya que los sacrificios y el dolor son necesarios para prosperar. Ojos grandes para ver con habilidad, cabeza grande para pensar y un libro abierto a sus pies como símbolo de conocimiento. Boca pequeña para hablar menos, panza grande para digerir bueno y malo, y la trompa por su capacidad de adaptación. Aprieto al dios con cabeza de elefante en mi mano, apreciando lo que acaba de pasar. Su palma extendida hacia mí otorga tranquilidad y bendición, y juraría que oigo una risa que claramente no es de este mundo. Ganesha es el patrón de los escritores.
  Con el dios hindú en mi mano, el Tor en mi cabeza y las praderas de película de la Inglaterra profunda extendiéndose delante de mí, me invade la mente lo que he sido, soy o seré. No hay nadie a mi lado, nada a mi alrededor y yo no soy nada. Y qué más da cuando confío en el Tao. No hay nada.
 Solo un pájaro en mi interior.
  

Pablo González (18)

13 may. tomate

  • tomate

Aunque hayas caído rendida en los brazos del sueño te escribo esto para que te mezas al despertar.

Como la pluma que cae en un indeciso vaivén, como el agujero del calcetín, que se hartó de ser tomate.

Como el color desbocado,

brillante y mate. (Sin jaque, ojo)

Que es magnífico que las ondas reboten, pero no del todo, nunca igual.

Eso es el color.

Meros choques de energía intercambiada,

Que la veintena no nos asusta, que tenemos algo que decir,

Que nuestra carne está donde tiene que estar, que nosotros existimos.

Que lo que detona un recuerdo (una emoción/una sensación/una risa/un llanto/un placer/una duda/una revelación/un entendimiento/un calor) no es más que un intercambio.

Que somos ciclo.

Mateo (13)

9 mayo. Un poema austero

9 mayo. Un poema austero
  • Austero

Tuvimos tres gatos
cuando yo era pequeña
un gato tuerto
un gato serio
y un gato que faltaba siempre
a todas nuestras fiestas

El gato tuerto se llamaba Domingo
que era cuando se ponía a sonar
y me hacía bajar de la cama a darle leche
y de paso abrigar a papá
que siempre se dormía en el sillón

El gato serio se llamaba Pescado
porque los lunes mamá me lo obligaba
y yo se lo daba al gato
por debajo de la mesa

El último gato
fue siempre mi preferido
y a ese lo llamé yo Sinceridad

Treinta años después
resultó que me crucé con mi gato
Sinceridad por las calles
y me lo llevé a casa

Mis hijos cuidan mucho a Sinceridad
pero a veces se nos escapa
porque yo a mi hija la digo que el pescado está muy rico
y que papá duerme en el sillón
porque en la cama las piernas no le caben

creo que Sinceridad es un gato
realmente austero
y aparatoso

Lucía (9)

 

7 may. o el circo

7 may. o el circo
  • inmaculado

Con el resuello como testigo de haber subido a pares los escalones hasta tu rellano; con la inocencia de esos locos bajitos que llaman al timbre con la esperanza de oír un sonido distinto cada vez, un solo de trompeta quizás, ahí estaba; con el ramo de flores estampado en la camisa, esa que te gusta tan poco que te hace hasta gracia, y una sonrisa trémula. Me hacía casi más ilusión compartir contigo lo que me había comprado con mi primer sueldo que el capricho en sí, tu empatía de mi ilusión nutría mi felicidad, la plenitud de sentirse comprendido y querido. En mi inopia, ni siquiera me decepcionó el sonido estándar del timbre:

 

Esto…¿te acuerdas de lo del monociclo?

 

  • Que siempre quisiste uno, ¿no?

 

Por poco vuelvo a bajar las escaleras también de dos en dos con la inercia de tu abrazo. Solo habría sido una caída más de todas las que le corresponderán al propio monociclo. De un inmaculado amarillo plástico y una imprescindible rueda, lo mío debe ser la inestabilidad.

Ulises (colaborador)

6 may. terreno

6 may. terreno
  • terreno

 

No sé si habremos de hablar algún día

de qué es eso que sentimos

al sostener sobre el pecho una llama.

 

La carne, agarrotada y temerosa,

se torna de púgil lozano

si arenga la llama.

El espíritu, pobre y simplón,

se llena de tercos mediodías

si arenga la llama.

Hasta amor más visceral

se confunde en un plácido paseo de otoño,

si arenga la llama.

 

Somos condena al ardor que envite,

replegados sobre una selva de cenizas,

a la tierra maldita y a los hombres buenos,

a despertar bruscamente acosados

por la pesadilla de la muerte.

 

¿Y qué hay de mí, madre?

¿Qué fue de mi llama, por qué no vibra ya nada en mi pecho?

¿Dónde está el ardor que envite,

la tierra maldita

y los hombres buenos?

¿Por qué mi corazón pesa como la arena

y no me asfixia

no me ahoga,

no me nutre,

ni me rompe?

 

Si no hay remedio,

las serranías de acero velen mi cadáver,

las entrañas calcinadas, el rostro mutilado;

¡que me coman los perros, no me importa!

 

Pero si jamás vuelve a mí la llama,

más vale que me apague

que un hombre sin alma es sólo tierra,

la tierra polvo,

y el polvo nada.

Luis (6)